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viernes, 23 de diciembre de 2016

Inédito: estoy siendo optimista

Hace unos días me mandaron un video de Saturday Night Live, donde en la sección de noticias Weekend Update entrevistan a una mujer rusa sobre los juegos olímpicos de Sochi. "I have been to Sochi one time", dice "it was to throw myself into the sea.  But I could not do it because the line was too long".
Esos somos todos nosotros en el 2016.  "Come on, Olya. Russia can't be that bad" le dice Seth Myers. Lo mismo con este año, ¿de verdad fue tan malo?[1]

A pesar de todo, hubo cosas buenas como Alec Baldwin imitando a Trump en Saturday Night Live. Leonardo DiCaprio ganó un Oscar. Los Chicago Cubs ganaron la serie mundial después de una maldición que duró 108 años.  Salió Stranger Things y una gran cuarta temporada tanto de House of Cards como de Orange Is the New Black. La mortalidad infantil disminuyó (esto lo tuve que googlear porque no se me ocurría nada más). Colin Kaepernick, ídolo personal y quarterback de los 49ers, se rehusó a pararse durante el himno estadounidense en un partido para protestar en contra del racismo, acto que movió a miles de personas a tomar conciencia.  El Papa Francisco habló sobre cómo la Iglesia debe pedirle perdón a los homosexuales por tantos años de violencia y discriminación hacia ellos. Los pandas dejaron de estar en peligro de extinción. En México, Olga Medrano ganó el oro en la Olimpiada Europea Femenil de Matemáticas. La marcha #RenunciaYa juntó a miles de personas el 15 de septiembre, cosa que cuento como buena porque me gusta pensar que somos más los que queremos un cambio en el país.
(Y Alec Baldwin. ¿Ya mencioné a Alec Baldwin?)

En el plano personal, fue un año agridulce. Hubo un momento, alrededor de verano, donde me sentía muy mal. Por querer matar tiempo en vacaciones, empecé a hacer listas. "Mis 40 canciones favoritas", "Mis 10 películas favoritas" y la mejor, "Cosas que me hacen feliz".
Esa lista comenzó con cosas grandes como caminar por el Golden Gate o escuchar a Noel Gallagher tocar "Don't look back in anger" en vivo. Después cosas medianas, es decir, más fáciles de realizar; ir al MUNAL, ver películas de Woody Allen, salir con mis amigas a caminar por Coyoacán o San Ángel. Llegó un punto en el que las cosas que escribía ya eran verdaderas tonterías; usar mi pijama de unicornios, comer chow mein, el sonido de las patitas de Roxy cuando camina.
La lista que empezó como ocio terminó haciéndome ver cosas positivas en las que nunca me había fijado. Entonces ahora pienso que es algo que hay que hacer más seguido: cuantificar las cosas buenas. De que existen, existen.

No quiero que esto parezca un artículo de autoayuda. De hecho, yo soy naturalmente pesimista. Basta con decirles que mi estado de WhatsApp es "the world is such a horrible place". El punto es que, como mencioné en mi primera entrada, hasta en los peores años hay cosas buenas.  Sí, también hay un montón de cosas que me gustaría que no existieran el próximo año. La guerra, las noticias malas, el odio, Trump, Peña Nieto, la violencia, la ignorancia, la injusticia, mi curso para entrar a la UNAM y los fracasos de los 49ers (aunque esto último es imposible).
Tal vez estoy hablando de forma muy superficial pero, creo que se pueden lograr cosas buenas. A pesar de que en mi examen psicológico tenga 0.2 de 10 en optimismo, tengo fe en que el bien aún puede ganar. Y que, a lo largo de los años, las listas de cosas felices se van a extender más y más, hasta ser interminables.

Cuando salí de ver Rogue One (SPOILERS) solo pude decir "O sea, ¿cómo? ¿ganó el mal así nada más? ¿todos los buenos se mueren? ¿¡qué clase de película es esta!?" a lo que mi mamá respondió "acuérdate de las demás películas. Ganan los Jedi. Este solo fue un capítulo para que se pudiera lograr". Y con esto se resume todo lo que quería decir.

Quiero creer que en el futuro, cuando existan las cobijas con mangas, las impresoras por telepatía y yo sea presidente,  nos vamos a acordar del 2016 como algo casi irreal. "¡Qué horrible año! ¿Cómo sobrevivimos?". Pero no va a ser más que eso, un recuerdo divertido de una época que no regresará. Para entonces tal vez ya habré cambiado mi estado de WhatsApp.




[1] Yo sé que la respuesta es "sí", por eso es una pregunta retórica.

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